Ciertamente a todos nos afecta la situación socioeconómica actual, pero realmente es poco lo que se puede hacer como individuos y casi nada lo que realmente hacemos para cambiar el sistema. Lo que sí debemos ir haciendo todos es entendiendo el sistema para mejorarlo o sustituirlo del todo.
En este sentido, creo que este artículo que a continuación les presento nos puede ayudar para tener mejores criterios para entender las raíces de la situación que nos embarga a todos.
Yo, sinceramente, ya no no creo ni en liberalismos ni en socialismos, menos en esas mezclas raras que pretenden hacer algunos partidos. Fuera de que yo no creo en los partidos políticos, creo que debemos evolucionar hacia otra forma de participación ciudadana.
Bueno, les aporto el siguiente comentario de un amigo que tiene una revista digital, llamada Expresiones.net.
Espero sea de su agrado y utilidad.
El discurso del libre mercado
Por Abdiel Augusto Patiño Iglesias
Ante la situación que vive la nación, no faltan los que han recurrido a culpar de todo al “libre mercado”. Los medios de comunicación están inundados de pensadores, economistas, sociólogos, políticos y expertos de diversas materias, que dedican todo su esfuerzo en convencer a la sociedad panameña de que los males que sufre hoy son consecuencia directa de las medidas “noliberales” aplicadas durante los gobiernos que han sucedido la era dictatorial, a saber, Guillermo Endara, Ernesto Pérez-Balladares, Mireya Moscoso y Martín Torrijos; políticas económicas y sociales basadas en recetas internacionales, preparadas y respaldadas por organismos financieros internacionales, quienes, en aras de la era de la globalización y siguiendo premisas globales estilo Consenso de Washington y otras que revolotean por allí, se propusieron interferir en la administración pública de las naciones en vías de desarrollo, con el objetivo de reducir el tamaño de sus Estados –Gobiernos ha de ser-, entregar al libre mercado los recursos y actividades básicas de los mismos y fomentar la libertad comercial en el globo, como vehículo de desarrollo humano.
Con estos detractores, pues de acuerdo podemos estar en una sola cosa, en el “síndrome del títere” que padecen naciones como la nuestra. Es bien sabido que las decisiones socio económicas que toman muchos Estados del mal llamado tercer mundo, están sustentadas en recomendaciones directas de organismos financieros internacionales, que a su vez, obedecen los mandatos de las naciones que los conforman y que facilitan los miles de millones de dólares que habrán de financiar los créditos para los países en vías de desarrollo; organismos que son más políticos que financieros, porque si fuesen realmente financieros, no contaran con cuentas por cobrar tan abismales, ni estarían tramitando canjes, reducciones o condonaciones para luego volver a prestar a los mala pagas. Es más, ya hubiesen quebrado.
Cierto, no hay duda; los organismos financieros internacionales son empleados por las naciones que los conforman, para endeudar países en vías de desarrollo, comprometer gobiernos, injerir en los asuntos internos, promover e imponer políticas de desarrollo, experimentar sociopolíticamente, y demás cuestiones propias de cualquier teoría de conspiración, más de este mundo que de cualquier otro. Pero lo que si no podemos apoyar de ninguna forma, es el errático discurso anti libre mercado que está adornando el que hacer nacional, con todo tipo de demagogas y falaces expresiones. Pregunto, ¿puede usted culpar de algo a algo que no existe?, en otras palabras, ¿se puede culpar de la situación actual a algo que no existe?, ¿podemos culpar al libre mercado si este no existe?, ¿existe en el mundo un verdadero libre mercado?, ¿existe en Panamá un libre mercado real?
La verdad, pues no; no existe; es, ha sido y sigue siendo, desde sus inicios, pues un ideal. ¿Acaso puede usted hoy cambiar de proveedor de electricidad, porque el que tiene le aumentó los precios?, ¿acaso puede usted ahora cambiar a su hijo de escuela pública a otra que más le guste, porque se le apetece?, ¿acaso puede usted escoger si entra al régimen de la Caja de Seguro Social o si no lo hace?, ¿puede usted comprar un producto agrícola “sensitivo” fuera de Panamá y traerlo porque lo encontró más barato, y distribuirlo?, ¿acaso puede usted entrar al comercio del transporte de pasajeros libremente, o exportar productos lácteos o cárnicos libremente?... ¿Dónde está el libre mercado?, pregunto entonces; ¿dónde está la política impositiva simple o flax tax que caracteriza a un modelo de libre mercado?… ¡No existe!, y aunque en los últimos 15 años se hayan aplicado recetas internacionales apodadas como neoliberales, la realidad es solo una, funcionamos bajo un aparato mutante, una mezcla de mercantilismo y liberalismo; una indefinición que, aupada por las acciones políticas macabras, ejercidas concientemente por naciones del primer mundo, están menoscabando prioridades humanas en aras de un incremento del capital, ni siquiera de sus Estados, sino de grupos económicos; una especie de neo oligarquía global que lo último que necesita es que exista un verdadero libre mercado.
Que quede claro que las políticas recetadas y aplicadas en los últimos años no están directamente involucradas en la situación socio económica actual, por el contrario, sirven para lo que sirven ahora, de chivo expiatorio. El problema es otro, y no es más que político, ¿en manos de quienes están las decisiones financieras de la Reserva Federal de Estados Unidos o del Banco Central Europeo? Analicemos un poco y tendremos el panorama más claro.
No soy férreo defensor del libre mercado, no lo veo como la salvación de la humanidad, pero si soy férreo defensor de la libertad de elegir, de decidir y de actuar. No creo en la inexistencia del Estado, pero si creo en uno más preocupado por consagrar, defender y procurar el Estado de Derecho Constitucional, que en uno que sea obstáculo del desarrollo humano integral, que impida que las fuerzas naturales innatas del ser humano fluyan y construyan la sociedad utópica que, para bien o para mal, todos soñamos y queremos; que es justamente lo que están haciendo en la actualidad. No obstante, para poder cambiar las cosas, se hace preciso el entender y conocer la realidad, y no dejarse llevar por retóricas contrarias a meros principios sociales básicos, deber de todos defender. ¿O es que acaso de veras deseamos ser aún menos libres de lo escasamente libres que somos?
El autor es el Director Editorial de Expresiones.
Panamá, miércoles 4 de junio de 2008.
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