18 abril, 2009

Una experiencia que se queda en el corazón

Dios me bendijo al poder compartir esta semana santa con algunas de las comunidades quechíes de nuestra parroquia claretiana de Río Dulce, en el caribe de Guatemala.

Fue compartir con esta gente sencilla y feliz, que lucha contra la pobreza y la indeferencia de la sociedad para seguir con su cultura y vivir con dignidad en las montañas en las que su antepasados han vivido por siglos.

Se da cuenta uno que es el Espíritu el que dirige la misión, el que se adelanta a dónde vaya el misionero, el que habla por uno y el que hace comprender la Palabra de Jesús. Lo digo porque, no es fácilmente comprensible como estas comunidades viven su fe cristiana a penas visitadas por los misioneros pero animadas por laicos comprometidos en cada comunidad; la dificultad de que uno no habla su lengua, pero que nos entendemos para compartir la Palabra y al siempre te agradecen por lo que le has ido a compartir (a pesar de la barrera de la lengua). Entiende uno mejor lo de “las semillas del Verbo”: yo soy el misionero que va a descubrir el rostro de Jesús que ya estaba implantado en la vivencia diaria de estas comunidades.

Uno no hace mucho, en cuanto a actividades… pero se enriquece con las visitas a las casas y a los enfermos, el compartir con los niños o grupos de las catequesis para primera comunión o confirmación, compartir la fe ante las preguntas de la gente y sobre todo en abrirse a un estilo de vida pobre, austero, respetuoso y en comunión con la naturaleza, espiritual y comunitario, comunidades en las que al llegar (a pesar de las distancias) uno siempre se siente familia y bien recibido…

Las fotos son de un paseo que tuvimos oportunidad de tener a Livingston tan pronto llegamos a Río Dulce, y una visita a un vocacionado a Cobán. Pero sobre todo de las comunidades quechíes. No las tomé yo, pues no tengo cámara, sino Abraham (mi compañero de comunidad). Espero les gusten, y se animen a compartir y conocer estas comunidades, al igual que espero que otros (especialmente los jóvenes) se animen a servir a nuestros hermanos más olvidados y marginados, a aquellos de los que no tenemos ni idea, esos que no conocemos pero que esperan algo de nosotros, servir a los muchos hombres y mujeres en los que Cristo sigue crucificado y en los que la vida siempre se manifiesta con gran esperanza.







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