26 enero, 2010

Jn 9:1-12, 25

UN ENCUENTRO LLENO DE LUZ

(Juan 9:1-12, 25)

INTRODUCCIÓN: La sanidad del hombre que había nacido ciego, es la penúltima de las siete señales que registra Juan en su libro. La forma única cómo Jesús obró este milagro, es una invitación para que veamos el poder que actuó en abrir los ojos al ciego, pero también en el método que Jesús aplicó para tales fines. La ceguera física es sin duda una penosa condición en la que puede vivir un ser humano. La persona en este estado no pueda percibir ocularmente lo que sucede a su alrededor. Veámoslo de esta manera. El ciego podrá aprender a leer, pero jamás verá lo que leyó. Podrá caminar por las calles, pero jamás verá como es la gente que va y viene. Le podrán decir que la rosa es roja, que la casa es blanca, que el carro es azul, que su esposo o esposa es negra, pero jamás palpará el color de todo eso. Le podrán hablar de la blancura de la nieve, del resplandor de un sol primaveral, y de los colores del arco iris, pero jamás podrá distinguir sus diferencias. Y aunque es cierto que muchos ciegos desarrollan otras funciones, que dieran la impresión que ven, no es cierto, porque están ciegos. Pero hay una ceguera que puede ser peor que la física; hablamos de la ceguera espiritual. Esta ceguera postra al hombre en una profunda desdicha y desesperación, y si no encuentra cura, la persona quedará expuesta a la condenación y el juicio eterno. Veámoslo de esta manera. Un ciego espiritual alcanzará muchos éxitos y placeres de la vida, pero no alcanzará la felicidad de su alma. El ciego espiritual podrá alcanzar riquezas y gozarlas hasta la saciedad. Podrá a través de ellas aparentar alegría, placer y contentamiento, pero jamás logrará con ellas la paz interna, el bien más preciado del corazón. El ciego espiritual podrá tener mucho conocimiento acerca de Dios, y vivir con un estilo religioso, pero nunca haber tenido un encuentro con el dador de la luz, nuestro Señor Jesucristo. En la presente historia tenemos ambos ciegos. El que nació ciego fue sanado. Los ciegos espirituales siguieron siendo ciegos, porque rechazaron la luz que estaba con ellos. Con razón se ha dicho que “no hay peor ciego que el que no quiere ver”. ¿Cuál es el mensaje de esta señal? ¿Qué se esconde más allá de este milagro? Veamos por qué Jesús es la luz para los ciegos.

I. LA LUZ DE JESÚS SE ENFRENTA AL DOMINIO DE LAS TINIEBLAS

1. Un hombre preso en las tinieblas. El texto comienza diciéndonos que mientras Jesús pasaba “vio a un hombre ciego de nacimiento” v. 1. Note que aunque el hombre no podía ver a Jesús, Jesús vino y le vio. Aquí hay algo importante. Por lo general los hombres no ven a Jesús, aun cuando muchos saben que él existe. Pero hay un mundo de bendición cuando Jesús puede ver a los hombres y acercarse a ellos no importando la condición en la que vivan. No sabemos la edad del hombre, solo que había nacido ciego. Para él la vida no estaba llena de ilusiones, de esperanza, de posibilidades; sino que estaba llena de tinieblas. Véalo de esta manera. Cuando a un ciego se le habla de los colores, es como si le habláramos a un bebé de la historia del país. ¡No sabe nada! ¿Quiere usted saber cómo es la vida de un ciego? Haga la prueba encerrándose en un cuarto absolutamente oscuro por unas horas. Pero este hombre, además de ciego, era mendigo. Y este es el real cuadro del hombre sin Cristo. El hombre que fue creado para ser un rey, se ha convertido en un mendigo. ¿Usted sabía que todos nacemos ciegos? Somos pecadores desde la concepción. Así lo afirmó el salmista: He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre” (Sal. 51:5). La vida de cada hombre está signada por una tenebrosa naturaleza pecadora. Aún los más tiernos bebés la tienen.

2. La luz que vino al mundo. Los apóstoles también vieron al ciego, pero ellos en lugar de compadecerte de su condición, se interesaron más en una discusión teológica que en el ciego mismo. Y frente a la pregunta hecha del versículo 2, Jesús se limitó a decirles que él había llegado a ese estado “para que la gloria de Dios se manifestase en él” v. 3. ¿Cómo iba a pasar eso? Bueno, él está diciendo: Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo” v. 5. Es verdad que allí estaba un ciego de nacimiento, pero también era cierto que a ese lugar llegó la “luz de la vida”. Jesús llegó a tiempo. Bien sabía él que tenía que hacer las obras en el día; pronto vendría la noche v.4. El mismo Juan nos dice en el primer capítulo: En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres” (Jn.1. 4) Jesús vino para hacer que los hombres recuperaran la luz que Adán perdió cuando pecó en el huerto. La desobediencia de Adán introdujo la muerte, aunque él duró 930 años. La muerte espiritual sacó de él la vida y con ello salió la luz. Desde entonces los hombres han quedado ciegos. Es por eso que cuando Jesús llega a una vida hay un encuentro lleno de luz. Jesús ha dicho: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”. Feliz el día cuando nuestra vida se llenó de luz.

II. LA LUZ DE JESÚS TRAE LA VISIÓN DE UN MUNDO DESCONOCIDO

1. Ojos abiertos por medio de barro y saliva v. 6. Note que Jesús estaba delante del ciego, pero él no podía verlo. Jesús llegó a él de día, pero él no podía verlo. Es que el ciego necesita algo más que la luz para poder ver; necesita la vista. En su natural condición estaba allí para pedir limosnas. Este era el único “oficio” que podía hacer. Cuando oía que alguien se acercaba, simplemente alargaba la mano. Trece hombres delante de él representaban una buena ofrenda. Pero Jesús ni los discípulos le dio dinero. Jesús no tenía “ni oro ni plata”; sin embargo, lo que tuvo le dio. ¿Y qué tenía Jesús para darle? ¡Saliva y polvo! Eso era lo que tenía. Estamos en presencia de un caso raro de sanidad divina. Hasta ahora Jesús había usado solo su palabra para producir milagros. Pero ahora cambió de método. ¿Por qué lo hizo? No lo sabemos, aunque ya se sabía que la saliva tenía poderes curativos. ¿Qué verdad teológica hay aquí? El barro fue lo que Dios el Padre escogió para hacer al hombre. La saliva fue lo que puso Dios el Hijo como lo que daría la vida. Y el estanque donde se lavó, representa al Dios Espíritu que trae la visión del mundo desconocido. Los tres elementos dieron a luz la visión al ciego. El mundo se ve mejor a través del evangelio de Cristo. Los colores se ven mejor a través del prisma de Jesús. Pero la obediencia a Cristo es necesario para ver lo desconocido.

2. Ir ciego y regresar viendo. Cuando el ciego se lavó los ojos en el estanque, lo primero que vio fue el agua. Vio su agua sanadora. Por cuanto el estanque significa “enviado”, este hombre fue enviado sano. Entonces comenzó a ver a los hombres, a los árboles, las casas… en fin, comenzó a ver al mundo del cual solo oía. Ahora su visión es 20 x 20. Jesús no puso algún cristal para que viera. Simplemente le abrió los ojos. Hay un mundo desconocido para los hombres ciegos. Los ciegos espirituales no pueden ver ese mundo porque “el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios…” (2 Cor. 4:4). Y en esto vemos que aun cuando Satanás no puede apagar la luz, entonces ciega la mente de las personas. Su trabajo no es abrir los ojos, sino cegar el entendimiento. Es por eso que no importa cuanta luz haya, si la persona está ciega no puede ver la luz. Esto es lo que pasa cuando predicamos; solo el Espíritu Santo puede impartir la verdad. Cuando alguien cree en el Señor, se abre su entendimiento; la luz del Señor penetra en su alma y regresa viendo lo que otros le habían contado. Cuando alguien se encuentra con Jesús, su vida se llena de luz. La visión del mundo ahora es distinta. En el encuentro lleno de luz: “Las almas llegan débiles y se van fortalecidas; llegan dudando y se van satisfechas; llegan de duelo y se van jubilosas; llegan ciegas y se van viendo”.

III. LA LUZ DE JESÚS PRODUCE UN TESTIMONIO IRREFUTABLE

1. ¿No es éste el que se sentaba y mendigaba?” v. 8. La noticia corrió por todas partes de la ciudad. El hombre que nació ciego ahora anda gritando y corriendo, y todos comentan lo ocurrido. Nunca habían visto nada parecido. Como era de suponerse, el ciego de esta historia era muy conocido por sus vecinos. La noticia generó mucha confusión. Algunos afirmaban que era el mendigo a quien colocaban en los lugares donde todos le vieran. Otros decían que no era. Y en medio de las noticias que iban y venían, el hombre que ahora ve, dice: “Yo soy”. No es fácil convencer a la gente de un cambio tan repentino. Cuando Saulo de Tarso se convirtió, ni los mismos discípulos lo creían. A lo mejor pasó lo mismo con su propio testimonio. Pero esto es lo grande de la obra de Cristo. Algunos dirán “no creo”. Otros dirán “parece que si es”. Y la persona que se convirtió dirá “sí, yo soy, Jesús me ha cambiado”. Este milagro se hizo el día sábado y ya sabemos como los fariseos reaccionaban frente a este día v. 14. Así que agarraron al hombre sano a un sin fin de preguntas vv. 15, 17. No conforme con el testimonio de él, llamaron a sus padres vv. 19, 20. Amados hermanos, nada será peor para los hombres en el día del juicio, que saber que el testimonio de la verdad estuvo frente a ellos y lo rechazaron por sus prejuicios religiosos. Cuando no se quiere ver, todos los argumentos son válidos. Los milagros de Jesús son evidencias que exigen un veredicto.

2. “Una cosa se… ahora veo” v. 9:35. El hombre sanado no sabía mucho acerca de Jesús. Lo único que recordaba era que él puso barro en sus ojos, y en obediencia, se fue a lavar en el estanque de Siloé. Este hombre sabía que había nacido ciego. Su niñez fue ciega, su juventud fue ciega; pero cuando llegó adulto, además de ciego, fue mendigo. Sin embargo, lo que él sabe es que habiendo nacido ciego, ahora ve. Ese era su irrefutable testimonio. Este hombre tenía una ignorancia honesta. Pero ahora comparte lo único que sabe. Ve a la forma como evangelizó a los fariseos vv. 30-34. Y amados hermanos, eso es lo mismo que tenemos nosotros. Hay en cada creyente un testimonio irrefutable. Lo único que usted sabe es que era también un ciego, pero que ahora ve. Se ha dicho que “un creyente con un radiante testimonio vale más que una biblioteca llena de argumentos”. Notemos que a este hombre le abrieron los ojos físicos, pero sobre todo los espirituales. Al principio no había creído en Jesús vv. 35-38. Esto nos revela que debemos asegurarnos que Jesús no solo sane nuestro cuerpo, sino que sane nuestra alma. Los milagros en la vida de una persona deben llevarle a creer en el hacedor de los milagros.

CONCLUSIÓN: Esta historia es sin igual en la Biblia. En este encuentro lleno de luz podemos ver cómo una vida que nació en oscuridad, logró ver los colores por medio de aquel que es la “luz del mundo”. Pero este ciego necesitó convertirse, y esta es la esencia de los milagros de Juan, a los que él llama “señales”. Al principio no sabía quién era Jesús. Pensó que era un profeta v. 17. Después pensó que Jesús era un enviado v. 33. Finalmente creyó en Jesús y lo adoró como su salvador vv. 35-38. Pero esta historia también nos revela la ceguera espiritual. Hay ciegos físicos que ven, pero también hay hombres con muy buena su vista que no ven. La ceguera espiritual no permite ver el cambio en los demás. Así tenemos que los fariseos que pensaban que estaban llenos, fueron enviados vacíos. Los que creyeron ser justos, fueron enviados sin perdonar. Y los que creyeron que tenían luz, fueron enviados ciegos. Este tipo de ciego prefiere mantener la tradición que aceptar la renovación. Prefiere seguir a Moisés que seguir a Cristo v. 28. Y la ceguera espiritual conduce al juicio divino v.39. Si usted es un ciego espiritual necesita venir al encuentro con la luz. Cuando eso ocurre usted tendrá un testimonio irrefutable. ¿Cómo está su vista espiritual? ¿Padece de miopía, glaucoma, catarata, conjuntivitis, uveítis, blefaritis, presbicia, hipermetriopia, astigmatismo? Deje que Jesús toque sus ojos con su “barro” sanador para que su alma se llene de luz.


IGLESIA BAUTISTA

HISPANA COLUMBIA

Falls Church, 17-01-2010

Rev. Julio Ruiz, pastor

Mensajes sobre La Suficiencia Divina

Basados en las Siete Señales

Del Libro de Juan

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